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La historia de la intelectualidad española ha tenido épocas en las que, gracias a la generosidad de América, ha recibido el influjo de nuestros más destacados intelectuales. Así, a finales del siglo XIX e inicios del XX, la literatura española recibió las influencias del nicaragüense inmortal, Rubén Darío, con su modernismo de preciosas joyas. Posteriormente Neruda, formó también escuela, sobre todo con sus Residencias en la tierra, agrupando a su alrededor, en un puño en contra del genocidio perpetrado por los genocidas franquistas. No podemos olvidar el envío a Juan Valera, por parte de Darío, de su libro Azul, con una dedicatoria del poeta nicaragüense, que mereció el elogio franco y justo del famoso intelectual ibérico.
Pues bien, alégrense Uds. Ahora el río de la renovación, de la exquisitez, de la creación sin medida, arriba, ni más ni menos, desde esta desafortunada Hibueras. Primero, a través de Indiano, con su lúcida obra que, muy probablemente, llegará a desplazar de los puestos de venta de libros y de las grandes librerías a obras clásicas de la literatura española, tales como El Quijote de la Mancha o El lazarillo de Tormes o de Platero y yo. No querrán los españoles saber más de esas delicias y mucho menos de Juan Ramón Jiménez o de Alejandro Casona, o de los Hermanos Álvarez Quintero, frente a la Biblia del asno o ante la caudalosa producción dramática de este autor hondureño que estará inundando las salas de teatro de la capital de España y de todas sus provincias con llenos nunca vistos. Vendrán, por supuesto, muy pronto las innumerables traducciones a los más inverosímiles idiomas, ávidos de una producción que no sabemos “por qué causas misteriosas”, como diría Rafael Heliodoro Valle, han ignorado los jurados del Nobel.
La otra vorágine literaria catracha que atraviesa el charco Atlántico, para apachurrar a las rezagadas letras herederas de Cervantes, llega a través del Best seller “Itinerario de una caída” del bien ponderado, por Armando García, Juan Ramón Martínez. El ejemplar del libro se destinó al Canciller español y socialista Moratinos. El autor hibuerense ha firmado y dedicado el ejemplar de su obra, tal como lo hizo Darío cuando envío su pálido Azul, y para que todos nos enteremos de que su obra traspasa las fronteras de esta atormentada Honduras, el mismo autor nos relata su hazaña en su columna de Diario La Tribuna.
Para que el Canciller Moratinos, quien indudablemente cambiará su pensamiento tras la lectura integral de este importante aporte a la politología contemporánea, entienda bien las cosas, por si las páginas de “Itinerario de una caída” no bastaran, le hace llegar algunas sugerencias, que fraternalmente comparte igualmente con sus lectores hondureños. Advierte a Moratinos sobre su posición fascista corporativista a lo Musolini, y le reclama, al canciller español, sobre su posición firme en contra del golpe de Estado en Honduras, atribuyéndole esa postura al hecho de que Honduras no tenga grandes reservas de petróleo que podrían servir para el desarrollo industrial y comercial de España. Luego le reclama su lenguaje duro en contra del gobierno de Micheletti, al cual ha descalificado con acciones y con declaraciones que advierten que, de no ceder al retorno a la constitucionalidad, podría Honduras ser objeto de más y más severas sanciones.
Tendrá Moratinos en sus manos, si no es que el diplomático español, que se ofreció hacerlo llegar al despacho del Canciller, le juega una mala pasada, esta trascendental obra llena de improperios y de opiniones rebosantes de resentimiento. Echará el Canciller Moratinos sus ejemplares de El Quijote, La Celestina, las obras de Miguel Hernández o las de José Hierro al cesto de la basura, porque, y no cabe la menor duda, que tras el Canciller Moratinos, vendrán todos los lectores españoles, fascinados por este portento literario y de análisis de nuestro compatriota Martínez. El Canciller además comprenderá que un golpe de Estado en esta pequeña Hibueras, con sus consecuencias de persecución, encarcelamiento, cierre de medios de comunicación, atropello a los hondureños con garrotes y bombas lacrimógenas y el asesinato de más de 15 catrachos, no es para que le cause desvelos. Tras esta lectura dejará de seguir bajo la influencia de Chávez o bajo la subordinación de los Estados Unidos. Echará por la borda su ignorancia y aprenderá que en este estrecho de la América, también se cuecen habas.
Así se pegan botones, catrachos.
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